La costilla de Adán, protagonizada por Katherine Hepburn y SpencerTracy bajo la dirección de George Cukor, rompe con el estilo de la comedia romántica anterior y con los estereotipos femeninos plasmados hasta entonces.
La trama se desarrolla a través de un matrimonio, Tracy, fiscal del Estado y Hepburn, abogado en activo. Un caso les enfrentará a ambos; una mujer que le ha pegado un tiro a su marido a causa de sus infidelidades. Los desencuentros profesionales que se mantendrán a lo largo del caso entre ambos afectarán a su vida de pareja y sólo la inteligencia de ambos y la superación de los estereotipos habituales conseguirán superar la crisis.
A finales de los años cuarenta se estrena esta película que se convierte en la bandera del feminismo, sobre todo en una época en la que destacan las “sufragistas”, que consiguieron que la mujer pudiera votar en las elecciones políticas por primera vez en la historia.
En estas películas se repiten las mismas estructuras narrativas y el conflicto, con ello se quiere trasladar al público una nueva forma de concebir la realidad y las relaciones entre el hombre y la mujer. Según la Catedrática de Filología María Caballero Wangüemert en su libro Femenino plural. La mujer en la literatura, siempre aparece como premisa el inminente matrimonio erróneo, el dinero, el juego de máscaras. A su vez la propuesta que se hace de la “nueva mujer” dista de la concepción angelical de la misma. La figura femenina se convierte en una heroína vestida con unos atributos que la encumbran.
A partir de los años cuarenta en las películas el papel de la madre, del padre es casi opcional, la mujer trabaja fuera de su casa, utiliza sus armas, tiene autonomía con respecto al hombre; conduce su propio coche, como se observa en La costilla de Adán, y los hijos brillan por su ausencia, porque se considera como un factor que dificulta el cambio de rol de ama de casa a mujer trabajadora.
Aunque este film lleve al extremo algunas situaciones, debido a su carácter de comedia, se ve clara la lucha de la protagonista por la igualdad ante la ley tanto del sexo femenino como del masculino. A pesar de que en muchos casos la abogada mediatice la ley a través de sentimentalismos. El papel está muy bien interpretado por una Katherine Hepburn, que refleja el espíritu combativo, herencia de su madre; una sufragista acostumbrada a luchar por los derechos de la mujer, según Pablo Mérida.
De manera que estas películas refuerzan, de manera indirecta, el deseo y la necesidad de la emancipación de las mujeres, así como su libertad en el ámbito profesional y familiar. No es que existiera una inferioridad genética, ni biológica sino que se carecía de una educación para lograr la autonomía de la mujer.
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